16 enero 2010

ENTREVISTA A ALBERTO PÉREZ (Parte II)

P: Imagino que, para poder hablar de músicas lejanas-y aunque esto sólo sea una excusa-habrás viajado bastante. ¿Qué país te ha impresionado más conocer? ¿Qué viajes te han marcado de una forma especial?, ¿Cuál es tu próximo destino?

R: Pues, aunque parezca mentira, “Corazón loco” lo hice sin haber estado nunca en América, aunque sí que tenía relación con su música, a través de los músicos caribeños, brasileños y del cono Sur que pasaron por mi orquesta. En estos últimos años, al actuar en solitario, he viajado mucho, y despacio, por España y Portugal; y no lo cambio por nada. De los viajes por fuera de la península, recuerdo especialmente una gira por Marruecos, mano a mano con el vibrafonista venezolano Alberto Vergara. Y, en cuanto los próximos, acabo de recibir una invitación para cantar a capella por varias ciudades de Colombia, con el espectáculo “Alberto Pérez y su Orquesta Volátil”.

P: En La Mandrágora, con Krahe y Sabina, hicisteis de la música y el humor una fusión perfecta. Pero ‘Más allá de la Mandrágora’, que es, por cierto, el nombre de uno de tus espectáculos posteriores, el humor sigue impregnando muchas de tus creaciones. Encima del escenario cantas frases imposibles que cuentan muchísimas cosas sin hilar -sin embargo-dos sílabas con sentido, lo cual tiene bastante mérito. ¿Cómo llegaste a esa forma tan particular de cantar?

R: Practico el scat -como se le llama en el argot del jazz- desde que tengo uso de razón. Para mí, esta modalidad de canto constituye la simbiosis perfecta entre palabra y música, y, con el tiempo, he ido viendo que lo practicaban muchos de mis músicos favoritos.

P: Y, poniéndonos pejigueros, ¿cómo se sube alguien a un escenario para fabricar carcajadas en el público tras un día de perros?, ¿cómo transformarse en cómico en mitad de un día dramático?

R: Sí, esa es una de las cosas malas de este oficio. Aunque, para mí, lo peor son los catarros; y caen un par de ellos al año.

P: Esa fama de ‘cachondo’, si me permites la expresión, ¿te ha dado problemas a la hora de desarrollar otras músicas en un tono más serio, más formal?

R: No, porque, para bien o para mal, arrastro público de todas las épocas por las que he pasado, y eso hace que en mis espectáculos se combinen los momentos románticos y festivos. Y creo que eso, en el fondo, es lo bueno.

P: Has dicho alguna vez que a ti te falta algo imprescindible para ser artista: la ambición. Esto te ha llevado a moverte por espacios donde la gran industria musical no cabe, y quizás a sentirte mejor entre amigos, tocando en un café, que en grandes giras con escenarios enormes y fans que se quedan afónicos de gritar tu nombre. ¿Supone algo de esto una renuncia para ti?

R: He hecho bastantes giras por circuitos grandes a lo largo de mi vida, y no siento ninguna nostalgia de ellas. En cambio, el viajar solo te permite parar donde quieres, o cambiar de planes sobre la marcha, como, por ejemplo, cuando te encuentras con una chica que te gusta. El pequeño precio a pagar por esta forma de entender el oficio, de espalda a la industria y los grandes medios, es que algunas de las etapas de tu trabajo puedan pasar inadvertidas; pero lo doy por bien empleado. Además, tengo un público fiel, que se mantiene en contacto a través de la red y que me sigue a todas partes. Aquí, Internet trabaja a nuestro favor.

P: Hay varios nombres de ‘grandes’ con quienes has compartido amistad y trabajo. Con la escritora Carmen Martín Gaite fundaste el sello discográfico ‘Avizor Records’. ¿Qué pretendíais ofrecer y a quiénes?, ¿sigue en marcha?

R: Avizor Records se creó para dar a conocer a músicos y poetas jóvenes. Lo financiábamos exclusivamente con los recitales que dábamos juntos, pero, cuando llevábamos publicadas las dos primeras entregas, Carmen falleció. En este momento, el sello no tiene actividad, aunque no descarto el que vuelva a tenerla.

P: Y hablando de Carmen Martín Gaite, ¿qué lee Alberto Pérez?

R: Pues la mayoría de lo que leo está relacionado con los sitios que visito -geografía, historia, costumbres-. Pero casi todos los años releo algún libro clásico, sobre todo de autores españoles del Siglo de Oro. El que más, Cervantes; luego Garcilaso, Fray Luis y San Juan de la Cruz; y, por último, Quevedo y Góngora. Ah, y Lope, que es maravilloso y se me olvidaba. Carmen, por cierto, tenía una memoria prodigiosa, y en los viajes me recitaba versos de todos estos autores y de otros muchos. Y lo hacía magistralmente.

P: Con Chicho Sánchez Ferlosio compusiste, entre otras cosas, la Banda Sonora de la película ‘’Buenaventura Durruti, anarquista’’. Además, has colaborado en diversos proyectos cinematográficos, como tu participación en ‘El viaje a ninguna parte’, del grandísimo Fernando Fernán Gómez. ¿Cómo fue trabajar con él?

R: Fernando era una de las personas más inteligentes que he conocido, de esas que te ven pensar; eso, sí, con unos ataques de mal genio terribles. Yo, afortunadamente, me libré de sus regañinas, y, aparte, me trató siempre con gran respeto; incluso me llegó a llamar en alguna ocasión para consultarme cosas de música. Chicho, por su parte, fue uno de esos seres que te marcan la vida; nos tratamos asiduamente durante 15 años, hasta que él murió. Dejó escritas canciones memorables pero, aparte, sabía de muchas cosas. Tuvo fama de difícil, pero era simplemente porque a cada uno le decía lo que le tenía que decir.


‘’Fernando (Fernán Gómez) era una de las personas más inteligentes que he conocido. Chicho (Sánchez Ferlosio), uno de esos seres que te marcan la vida’’

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