08 enero 2010

Géneros periodísticos


Cuando hablamos de géneros, la asociación mental de estos con términos como ‘separar’, o mejor ‘clasificar’, es inevitable. Muchos géneros son un invento humano, y surgieron como respuesta a nuestro afán de ordenar cuanto nos rodea, incluso (o sobre todo) nuestras propias creaciones. Nos pasamos la vida etiquetando: esta película es una comedia, lo último que escribió fue una novela de aventuras, eso es rock progresivo y aquella mujer es bisexual. Sí, son etiquetas algo tontas, todas ellas, porque la realidad va mucho más allá, trasciende los límites clarísimos de la palabra y hace gala constante de un eclecticismo que a veces parecemos eludir, antojándosenos demasiado caótico.


En el Periodismo ocurre algo similar. Durante el siglo XlX tenía un carácter marcadamente opinativo. Ya en el XX, fue adquiriendo un tono más serio, más formal, que pretendía informar lo más objetivamente posible de cada acontecimiento. Eran tiempos dorados para el oficio del periodista, y todos nosotros decidimos encasillarle como alguien ‘sensato’, ‘íntegro’, casi como a una ‘eminencia’. Escribimos todos estos adjetivos en pegatinas sobrias y con letra Times New Roman. Las pegamos en sus frentes o en sus carpetas de cartón. Entendíamos que el periodista o bien informaba o bien opinaba, y ambas opciones eran válidas, pero no combinables en un mismo texto.


¿Y luego? Luego las corbatas y las camisas con botones hasta el cuello fueron apretando demasiado a los y las periodistas, que decidieron que ‘las cosas’ iban mucho más allá de sí mismas, que entendieron que su trabajo consistía en interpretarlas más que en describirle al espectador el envoltorio de lo que veían (que no es sino lo que cualquiera puede ver). Luego nacieron mil y un formatos que se alejaban del papel, de las ondas, incluso de la pantalla de la televisión. Luego, además, ocurrieron fenómenos extraños como la construcción de una casa con muchas cámaras a modo de tabique, donde podías residir una temporada y después sentarte en un plató en el que te llamarían ‘periodista’.


En ciertos aspectos para bien (en otros ya se ve que no tanto), y como es lógico, el Periodismo no ha dejado de evolucionar, de mutar, de enriquecerse y de estropearse. De diversificarse. Pero sobre todo, en este proceso ha ido aprendiendo y aprehendiendo de la vida, para así tratar de contárnosla lo mejor posible a la cada vez más curiosa masa de personas que pasamos por ella sin acabar de entenderla. Si nos tratamos de aferrar a la Teoría de los Géneros como una ley rígida y única, que establece fronteras infranqueables entre un artículo de opinión y una noticia, es casi seguro que no encontremos su ejemplo en las páginas de ningún periódico. Sin embargo, si hacemos un esfuerzo por renovarnos y consideramos esta teoría como una guía útil, práctica al tiempo que moldeable, probablemente nos demos cuenta de que en el fondo seguimos pegados a las etiquetas: sólo hemos creado unas cuantas nuevas para dar nombre a nuestras mezclas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario